jueves, 30 de septiembre de 2010

Creencias Erróneas y Mitos sobre Hipnosis

Existen muchas creencias erróneas respecto a la hipnosis. Lo que viene a continuación son algunos mitos sobre la hipnosis.


EL MITO: Bajo la Hipnosis pierdes la consciencia y no te enteras de nada de lo que ocurre a tu alrededor.

EL HECHO
: Los individuos no pierden la consciencia cuando están en un trance. Su concentración se localiza de una manera especial.

EL MITO
: Una vez hipnotizado pierdes tu voluntad y estarás bajo el control del hipnotizador.

EL HECHO: Toda hipnosis es autohipnosis. Los individuos se dejan introducir en un trance porque así lo desean. Sin la colaboración del la persona no es posible inducir el trance. Los individuos mantienen su capacidad de autocontrol.

EL MITO: Sólo los individuos crédulos, los de poca voluntad y los tontos se hipnotizan.

EL HECHO: La hipnosis requiere habilidades de concentración e imaginación por parte de los individuos. Según los experimentos, las personas que se hipnotizan mas fácilmente gozan de una buena inteligencia. Mientras más inteligente sea la persona, mejor se puede concentrar, y por tanto, colaborar con el hipnólogo.

EL MITO: La hipnosis es peligrosa.

EL HECHO: La hipnosis es una de los tratamientos psicológicos más seguros.
Sin embargo el uso de la hipnosis por parte de personas incompetentes puede, ocasionalmente, tener consecuencias imprevistas. Por esta razón, sólo la deberían utilizar hipnólogos cualificados.

EL MITO: Uno puede quedarse “atrapado” en estado hipnótico y no salir de él.

EL HECHO: Nadie se quedará sumido eternamente en un sueño hipnótico. Si por cualquier razón, el hipnólogo dejara al paciente bajo hipnosis o cayera muerto, el paciente se quedará en el sueño hipnótico por unos minutos y gradualmente entraría en un sueño normal y se despertaría sin ningún problema por su cuenta.

EL MITO: Bajo la hipnosis, desvelaré cosas que no quiero.

EL HECHO: No vas a desvelar tus secretos. Lo que puede ocurrir es que recuerdes acontecimientos que conscientemente habías olvidado. Tú sabes que van en tu provecho. Si son situaciones traumáticas, las olvidarás otra vez al salir del trance. El hipnólogo decide cómo y cuándo llevar al consciente ese recuerdo y si es necesario.

EL MITO: ¿Pueden obligarme a hacer cosas que no quiero durante un trance hipnótico?

EL HECHO: No, no se puede. La mente subconsciente salvaguarda la integridad de la persona y no comete nada contra tus valores y principios.

Una Breve Historia de la Hipnosis

Nadie conoce el origen de la hipnosis. Lo que es cierto sobre la historia de la hipnosis es que los antiguos pueblos como los mayas, los aztecas, los persas y los griegos utilizaban la hipnosis como medio de curación. Los sacerdotes o los brujos provocaban un estado llamado “sueño mágico” a través de la imposición de las manos o rituales caracterizados por cantos y bailes con un ritmo monótono.

El empleo sistemático de la hipnosis comenzó con Anton Mesmer (1734-1815). Mesmer estaba convencido de que el magnetismo podía curar muchas enfermedades. Su argumento era que si la luna ejerce un poder sobre los mares de la tierra, también podría influir en los fluidos del cuerpo humano y de hecho restablecer la salud. Según Mesmer, todos estábamos bajo el poder de los fluidos magnéticos. Para él la enfermedad era creada por una sugestión del organismo que se podía solucionar con la transmisión de ondas magnéticas.

Las sesiones de magnetismo de Mesmer tuvieron tanto éxito que cuando el tumulto de la gente no permitía practicar el magnetismo en su clínica, Mesmer “magnetizaba” un árbol fuera de su consulta y pedía a los pacientes disfrutar del magnetismo. Mesmer consiguió curaciones espectaculares por medio de su nuevo método de magnetismo.

Entre los seguidores de Mesmer hay que recordar al Maqués de Puységur (quien descubrió el sonambulismo e insistió que la palabra por sí era suficiente para el magnetismo) y al padre Faria (quien según Schulz había reconocido y utilizado la sugestión en toda su significación).

Un cirujano y oculista escocés llamado James Braid (1795-1860) investigó, por primera vez de manera científica, el fenómeno del sueño provocado por un magnetizador.
Braid propuso que los imanes y el magnetismo no eran los responsables del estado hipnótico y la consecuencia de las curaciones. Braid utilizó la palabra “hypnos” que en griego significa sueño y explicó la naturaleza de este estado hipnótico, excluyendo la existencia de fluidos magnéticos emanados de las manos o de los ojos del magnetizador. Ya que Braid era un oculista creyó que la fijación de la mirada en un punto luminoso cansaba los músculos alrededor de los ojos y que esta fatiga producía el estado hipnótico.

La teoría de Liebeault (1823-1940) era esencialmente psicológica. Para Liebeault el sueño hipnótico era idéntico al sueño natural.

Bernheim (1843-1917) junto con Liebeault fundó la escuela de Nancy. Bernheim rechazó la teoría de un fluido magnético y consideraba la sugestión, la idea, como la acción hipnotizante.

James Esdale (1808-1859) era otro cirujano escocés quien practicó millares de intervenciones quirúrgicas bajo sueño magnético. Fue perseguido por haber utilizado técnicas hipnóticas como anestesia.

Charcot (1825-1893) era un prestigioso neurólogo francés de la histeria. Charcot y sus ayudantes hipnotizaban a los enfermos con las técnicas que habían aprendido del marqués de Puyfontaine. Los enfermos solían vivir crisis violentas, y en muchos casos los síntomas desaparecían.

Sigmund Freud (1856-1939) era el alumno de Charcot pero después de un periodo abandonó la práctica de la hipnosis. Sin embargo, basó su método de la asociación libre en sus conocimientos de la hipnosis.

Pierre Janet (1859-1974) era el director del laboratorio de psicología patológica de la Salpétriére. Janet investigó el papel de las emociones en los trastornos orgánicos y fue uno de los fundadores de la medicina psicosomática. Sin embargo, Janet insistió que la hipnosis no podía curar el origen de las enfermedades.

Coué (1857-1926), farmacéutico y psicólogo, estudió los trabajos de Liebeault. Empezó así con la hipnosis pero más tarde la dejó y utilizó la sugestión.

Johannes Heinrich Shultz (1884-1962) era un psiquiatra freudiano de origen alemán. Investigó la relación entre la mente y la relajación. Con su conocimiento de las técnicas de la hipnosis elaboró un método de autohipnosis reconocido como el Entrenamiento Autógeno de Schultz.

Milton Erickson
(1901-1980) era un prestigioso psiquiatra, fundador de la Sociedad Americana de Hipnosis Clínica. Erickson creó numerosas técnicas modernas de inducción y además, utilizaba anécdotas y metáforas para facilitar el estado de la hipnosis.

Qué es la Hipnosis

La hipnosis es un estado pasajero que todos vivimos al menos una vez durante el día. Por ejemplo cuando “nos perdemos” al leer un libro, ver una película o meditar, nuestra atención se concentra y se crea este estado entre el sueño y la vigilia. El factor más interesante en este estado es que el subconsciente puede trabajar libremente sin la intervención de la mente consciente, la parte analítica.

A pesar de proceder del vocablo griego hypnos (sueño) la hipnosis no tiene nada que ver con este. Se trata, al contrario, de un estado artificialmente producido de gran concentración de la consciencia por medio de palabras. De modo que la hipnosis es un proceso de comunicación. El sueño hipnótico no es siempre necesario. La hipnosis como proceso de comunicación se trata de una alteración o modificación de la consciencia en el que la parte analítica de la mente queda marginada.

Una sesión de hipnosis


Antes de nada, como en todos los métodos terapéuticos, es importante obtener un buen nivel de confianza entre el cliente y el hipnólogo. A veces, hay que hablar de los temores de la persona acerca de la hipnosis. El obstáculo mayor a la hora de entrar en estado hipnótico es el temor. El procedimiento inicial suele ser la concentración en un punto fijo y la relajación corporal. Una vez que la persona logra concentrarse y relajarse, entra en el primer nivel del estado hipnótico o el trance ligero.

En ese estado, la persona siente una sensación de ligereza o de pesadez en el cuerpo. La mayoría de los hipnólogos clínicos utilizan un trance ligero. A pesar de los fenómenos de este estado, la persona está perfectamente consciente: puede oír la voz del hipnólogo, oír otros ruidos sin darles importancia y a veces tener los ojos abiertos y contestar a las preguntas del hipnólogo.

Si el hipnólogo lo considera oportuno, profundiza el trance hasta el estado más profundo donde la persona acepta las sugestiones. En este estado profundo, llamado sonambulismo, la persona puede vivir experiencias como si fueran reales.

El Cerebro Humano

El cerebro humano está compuesto por más de 100 mil millones de células cerebrales altamente especializadas y únicas, ya que al destruirse no dan lugar a otras similares.

El cerebro esta dividido en dos hemisferios cerebrales interconectados entre si por una zona intermedia que es el cuerpo calloso.

El hemisferio izquierdo

El hemisferio cerebral izquierdo tiene que ver con el pensamiento analítico y racional, como lo es en las funciones matemáticas y verbales.

Nos otorga el sentido del tiempo y procesa la información recibida en forma ordenada y lineal. Selecciona la información la clasifica en orden de importancia, extrae conclusiones y formula predicciones, todo ello con base en su capacidad analítica, lógica y verbal.

Por intermedio del hemisferio izquierdo podemos seleccionar a cada instante lo que necesitamos saber. Es el lado lógico cerebral, matemático y digital; sedentario y calculador.

Características del hemisferio izquierdo

Intelectual
Recuerda nombres
Responde a las instrucciones y explicaciones verbales
Hace juicios objetivos
Planificado y estructurado
Prefiere información cierta
Es lector analítico
Prefiere hablar y escribir
Confía en el lenguaje del pensamiento y la memoria
Controla los sentimientos
No es bueno para interpretar el lenguaje no verbal
Rara vez usa metáforas
Su fuerte es la resolución lógica de problemas

El hemisferio derecho

Según varios investigadores y expertos de la hipnosis y psicoterapia, el subconsciente es aquella parte de la mente donde se “alberga” todos nuestros recursos, recuerdos, las experiencias y aprendizajes.

Por ejemplo para Milton Erickson, el hipnoterapeuta americano y el fundador de la terapia breve, el subconsciente era el archivo o el almacén donde la persona podía encontrar todos los recursos que se podía necesitar para resolver su problema.
Hay también quienes asocian el subconsciente con el hemisferio derecho y lo consideran la parte no dominante del cerebro.

Características del hemisferio derecho

Intuitivo
Recuerda rostros
Responde a las explicaciones o instrucciones simbólicas
Hace juicios subjetivos
Fluido y espontáneo
Prefiere información incierta
Es lector sintetizador
Prefiere dibujar y manipular objetos
Confía en las imágenes del pensamiento y la memoria
Es más libre con sus sentimientos
Es bueno para interpretar el lenguaje no verbal
Usa metáforas con frecuencia
Su fuerte es la resolución intuitiva de problemas

Predomina el cerebro izquierdo


Las investigaciones demuestran que predomina en nosotros ampliamente el cerebro izquierdo; lo correcto es lograr el justo equilibrio entre ambos cerebros. De modo que quien usa más el cerebro izquierdo es analítico y racional, y quien emplea más el cerebro derecho es intuitivo, se necesita buscar el equilibrio entre lo racional y lo intuitivo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Síntomas de Estrés

Tómate el tiempo para leer la lista de los síntomas de estrés. Este cuestionario es una media sencilla para descubrir tu nivel de estrés. El propósito es descubrir el nivel de estrés en tu vida en estos momentos. Además reconocer de antemano las señales que podrían anunciar el estrés te permite realizar acciones para evitar que estos síntomas se conviertan crónicos.

Los síntomas de estrés están interconectados. Por ejemplo una carta del banco avisándote el retraso de alguno de tus préstamos puede causarte tensión muscular que a su vez genera dolor de cabeza. El dolor no te deja dormir bien y te levantas con irritabilidad y sin ganas de salir con tus amigos. Por tanto es fácil caer en un círculo vicioso de síntomas estresantes.

Aunque todo está interrelacionado, he divido estas advertencias en cinco categorías: Espiritual, Emocional, Mental, Físico y Social. Responde un “Sí” o “No” a las siguientes listas de preguntas.

Síntomas Espirituales

¿Crees que la vida termina con la muerte?
¿Temes la muerte?
¿Tienes la sensación de vacío?
¿Te resulta difícil perdonar a alguien que te ha hecho daño?
¿No encuentras mucho significado profunda de la vida?
¿Sientes desamparo e impotencia ante los acontecimientos de la vida?

Síntomas Emocionales
¿Sufres cambios bruscos de tu estado de ánimo?
¿Padeces depresión y ansiedad?
¿Sientes apatía?
¿Tienes dificultad para expresar tus emociones fuertes?
¿Te culpas fácilmente por tus errores?

Síntomas Mentales
¿Te aburres con frecuencia?
¿Tienes dificultad de concentración?
¿Últimamente tienes lagunas de memoria?

Síntomas Físicos

¿Últimamente estas contrayendo resfriados a menudo?
¿Fluctúa mucho tu peso?
¿Tienes dificultad para dormir o para levantarte por la mañana?
¿Sientes cansancio?
¿Sufres dolor de cabeza?
¿Aprietas o rechinas los dientes?
¿Padeces sequedad de boca?

Estos son algunos signos más comunes de estrés. Desde ahora en adelante presta atención a estos síntomas. Son como señales de aviso que debes fortalecer tus recursos internos y externos para la adaptación, o si es posible reducir el estrés innecesario.

La Respuesta del Estrés

El estrés es la interacción de los agentes estresantes y nuestra capacidad de adaptación y respuesta. Los acontecimientos inesperados, sean positivos o negativos, generan inestabilidad en nuestra vida. Además nuestra reacción determina el efecto final de tales retos. Solemos pensar que el estrés es principalmente lo que nos sucedes desde el exterior. Por ejemplo cierran la empresa donde trabajamos y nos quedamos en paro o un accidente nos obliga guardar cama durante un largo periodo de tiempo.

Pero en realidad lo que determina la tensión y ansiedad no es el suceso negativo, sino nuestra propia evaluación de lo ocurrido. Por ejemplo la pérdida del empleo puede causar tristeza, ansiedad y rabia en una persona mientras que otro puede considerar el suceso como una oportunidad para buscar un empleado mejor.

Para mejor entender este fenómeno veamos un principio que suelo llamar APRE. Cada vez que te enfrentas con una demanda que amenaza tu calma y serenidad y que requiere un esfuerzo de tu parte para adaptarte a la nueva situación puedes recordarte de las siglas A.P.R.E. Es fácil de recordar porque viene de la palabra “apremio” sinónimo de estrés. Las últimas dos letras “mío” nos enfatiza nuestro rol en este proceso. Al fin al cabo el estrés de mi vida es “mío”. Veamos las siglas:

Acontecimiento
Percepción
Respuesta
Efecto

El acontecimiento es el estimulo o la demanda que se te presenta. Cualquier situación que por su intensidad o frecuencia se convierte en algo extraordinario y sale de los límites de tu adaptación. La percepción está basada en tu actitud, creencias y expectativas, las cuales determinan tu interpretación del acontecimiento. La respuesta es lo que haces para defender y proteger tu integridad. El efecto es el resultado final de todo este proceso. Dado que nuestros filtros perceptuales son inconscientes, sólo vemos el acontecimiento como el causante del efecto.

Tomemos el ejemplo de la pérdida de empleo para ilustrar el principio de APRE. Ser despedido es el acontecimiento. Ahora llega la parte crucial, la percepción que determina el significado que otorgas al suceso. Podrás pensar: “Soy un fracaso. Me han echado del trabajo porque no era bueno.¡ Que mala suerte!” Tras esta evaluación negativa alteras tu postura, tu respiración y expresión facial que refleja el estado de desesperación, culpa y depresión. Por tanto ante el acontecimiento (perdida de trabajo) utilizas tu percepción (creencias y expectativas) para darle significado y al etiquetarlo negativamente, cambias tu cuerpo (respuesta) de tal manera que sientes depresión (efecto).

Cuando examinamos detenidamente el proceso APRE nos damos cuenta que la clave es nuestra percepción de los sucesos. Poco podemos hacer con los acontecimientos porque la mayoría ocurren sin que podamos ejercer algún control sobre ellos. Una percepción distorsionada de nuestras capacidades y virtudes hace que evaluemos negativamente el estrés. Pero una autoestima sana ayuda a percibir los sucesos malos como un cambio brusco que podría albergar un incentivo para nuestro desarrollo personal. Por ejemplo una persona optimista podría evaluar quedarse en paro de una manera positiva y pensar, “La empresa está atravesando dificultad y no han valorado my rol en ella. Esto medará una oportunidad a encontrar algo mejor.” El efecto de este optimismo suele ser mejor adaptación a la dificultad.

Tenemos concienciarnos que la mayoría de los sucesos estresantes en sí mismos son neutros. Nuestra interpretación otorga el significado emocional. Cómo dijo “No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano que lo hace aparecer así.” La siguiente historia ilustra que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno:


Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que vivía con su hijo. Sólo tenían un caballo para trabajar la tierra. Un día su hijo le dijo:
- "Padre, qué desgracia, se nos ha ido el caballo".
Su padre respondió:
- "Veremos lo que trae el tiempo...".
A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo. Unos días después, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se rompió una pierna.
- "Padre, qué desgracia, me he roto la pierna".
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
- "Veamos lo que trae el tiempo...".
El muchacho se lamentaba. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Fueron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

Estrés es ni Bueno ni Malo

Estrés es un estado de ánimo que afecta nuestro cuerpo. En general cuando vivimos una situación difícil nuestro organismo reacciona siguiendo un instinto básico. Por ejemplo la respiración y los músculos ya no están relajados. Por tanto asociamos los acontecimientos desagradables con la reacción del estrés. Pero el cuerpo humano responde de la misma manera ante los sucesos agradables y desagradables. Una de las curiosidades del estrés es que si nos dan un beso apasionado o una bofetada, el cuerpo reacciona de la misma forma. El cerebro procesa cualquier cambio, sea positivo o negativo, siguiendo un protocolo predeterminado.

Lo curioso es que lo que puede ser estresante para uno es un estimula placentero para otro. Por ejemplo hay personas que temen a las alturas y cada vez que mira hacia abajo desde una altura elevada sienten mareo y se flaquean las piernas. Sin embargo, muchos pagan para tirarse al vacio sea en la práctica de puenting o paracaidismo. Esto demuestra que los acontecimientos por si no son causantes del sufrimiento, sino nuestra propia interpretación de los eventos.
Repasamos el proceso fisiológico del estrés. Nuestro organismo está “programado” para protegerse y asegurar su supervivencia. Ante cualquier amenaza este mecanismo se activa en una fracción de segundo inhibiendo el riego sanguíneo al cerebro y a la digestión, y además inhibe monetariamente el trabajo del sistema inmunológico. La razón por estas alteraciones es ahorrar la energía y dirigirla a luchar la amenaza o huir de ella.

Durante miles de años este mecanismo primitivo se ha quedad sin alterar. La reacción del estrés como un instinto básico nos ayuda en situaciones límites, como solían vivir nuestros antepasados en un hábitat salvaje e peligroso. Pero hoy en día no existen situaciones límites que requieran una reacción fuerte como luchar contra una bestia salvaje o huir de ella. En nuestras sociedades modernas tenemos que afrontar desafíos diferentes que no son realmente cuestión de vida o muerte.
El instinto básico del estrés para proteger nuestra integridad física nos puede generar graves problemas. Por ejemplo has estado de excursión con tu familia. El fin de semana ha sido soleado y tranquilo. Estas en el coche de regreso a casa. A medida que te acercas a tu ciudad el trafico se densa cada vez mas. Como buen conductor dejas pasar a otros coches, pero varios se aprovechan de tu cortesía y te cortan el camino bruscamente. Gradualmente tu serenidad se desvanece y algo se altera en ti: tu respiración se acelera, tus músculos se tensan, el corazón galopea como un caballo salvaje y sube tu tensión arterial.

Unos conductores incórdiales no suponen un peligro para nuestro organismo. Pero el cerebro (nuestra percepción) reacciona como si fuesen bestias salvajes que quieren devorarnos. Nuestras alternativas, según el instinto básico de supervivencia, es luchar o huir. Pero en un atasco no solemos correr detrás del coche del conductor que nos ha incordiado para empezar una pelea. Ni siquiera podemos dejar el coche e huir del atasco. Estamos obligados a quedarnos allí sentados. El problema es que el cuerpo se ha activado con una carga de energía para un “combate”.
Si no desgastamos esa carga el cuerpo sufre. El cuerpo puede soportar las alteraciones durante un breve periodo. Pero si no llega suficiente sangre al cerebro, al sistema digestivo y al inmunitario padecemos problemas de salud como migrañas, mareaos, indigestión, estreñimiento, catarros frecuentes y dolores musculares.

Lo que hace que el estrés sea bueno o malo depende principalmente de un factor: nuestra percepción. Nuestra actitud, personalidad, expectativas y creencias acerca de la realidad son filtros que definen nuestro estrés. Martin Seligman un investigador de la Universidad de Pennsylvania , dice que hay una diferencia marcada entre como afrontan la vida los optimistas y los pesimistas. La clave está en cómo nos interpretamos los acontecimientos estresantes. Los pesimistas consideran un suceso estresante como algo permanente, una falta de su persona y que afectará negativamente todas las facetas de su vida, mientras que ven los acontecimientos positivos como algo temporal que no les afectará mucho. Por tanto el estrés es ni bueno ni malo. Como dice William Shakespeare en Hamlet: "No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así."