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sábado, 18 de septiembre de 2010

Síntomas de Estrés

Tómate el tiempo para leer la lista de los síntomas de estrés. Este cuestionario es una media sencilla para descubrir tu nivel de estrés. El propósito es descubrir el nivel de estrés en tu vida en estos momentos. Además reconocer de antemano las señales que podrían anunciar el estrés te permite realizar acciones para evitar que estos síntomas se conviertan crónicos.

Los síntomas de estrés están interconectados. Por ejemplo una carta del banco avisándote el retraso de alguno de tus préstamos puede causarte tensión muscular que a su vez genera dolor de cabeza. El dolor no te deja dormir bien y te levantas con irritabilidad y sin ganas de salir con tus amigos. Por tanto es fácil caer en un círculo vicioso de síntomas estresantes.

Aunque todo está interrelacionado, he divido estas advertencias en cinco categorías: Espiritual, Emocional, Mental, Físico y Social. Responde un “Sí” o “No” a las siguientes listas de preguntas.

Síntomas Espirituales

¿Crees que la vida termina con la muerte?
¿Temes la muerte?
¿Tienes la sensación de vacío?
¿Te resulta difícil perdonar a alguien que te ha hecho daño?
¿No encuentras mucho significado profunda de la vida?
¿Sientes desamparo e impotencia ante los acontecimientos de la vida?

Síntomas Emocionales
¿Sufres cambios bruscos de tu estado de ánimo?
¿Padeces depresión y ansiedad?
¿Sientes apatía?
¿Tienes dificultad para expresar tus emociones fuertes?
¿Te culpas fácilmente por tus errores?

Síntomas Mentales
¿Te aburres con frecuencia?
¿Tienes dificultad de concentración?
¿Últimamente tienes lagunas de memoria?

Síntomas Físicos

¿Últimamente estas contrayendo resfriados a menudo?
¿Fluctúa mucho tu peso?
¿Tienes dificultad para dormir o para levantarte por la mañana?
¿Sientes cansancio?
¿Sufres dolor de cabeza?
¿Aprietas o rechinas los dientes?
¿Padeces sequedad de boca?

Estos son algunos signos más comunes de estrés. Desde ahora en adelante presta atención a estos síntomas. Son como señales de aviso que debes fortalecer tus recursos internos y externos para la adaptación, o si es posible reducir el estrés innecesario.

La Respuesta del Estrés

El estrés es la interacción de los agentes estresantes y nuestra capacidad de adaptación y respuesta. Los acontecimientos inesperados, sean positivos o negativos, generan inestabilidad en nuestra vida. Además nuestra reacción determina el efecto final de tales retos. Solemos pensar que el estrés es principalmente lo que nos sucedes desde el exterior. Por ejemplo cierran la empresa donde trabajamos y nos quedamos en paro o un accidente nos obliga guardar cama durante un largo periodo de tiempo.

Pero en realidad lo que determina la tensión y ansiedad no es el suceso negativo, sino nuestra propia evaluación de lo ocurrido. Por ejemplo la pérdida del empleo puede causar tristeza, ansiedad y rabia en una persona mientras que otro puede considerar el suceso como una oportunidad para buscar un empleado mejor.

Para mejor entender este fenómeno veamos un principio que suelo llamar APRE. Cada vez que te enfrentas con una demanda que amenaza tu calma y serenidad y que requiere un esfuerzo de tu parte para adaptarte a la nueva situación puedes recordarte de las siglas A.P.R.E. Es fácil de recordar porque viene de la palabra “apremio” sinónimo de estrés. Las últimas dos letras “mío” nos enfatiza nuestro rol en este proceso. Al fin al cabo el estrés de mi vida es “mío”. Veamos las siglas:

Acontecimiento
Percepción
Respuesta
Efecto

El acontecimiento es el estimulo o la demanda que se te presenta. Cualquier situación que por su intensidad o frecuencia se convierte en algo extraordinario y sale de los límites de tu adaptación. La percepción está basada en tu actitud, creencias y expectativas, las cuales determinan tu interpretación del acontecimiento. La respuesta es lo que haces para defender y proteger tu integridad. El efecto es el resultado final de todo este proceso. Dado que nuestros filtros perceptuales son inconscientes, sólo vemos el acontecimiento como el causante del efecto.

Tomemos el ejemplo de la pérdida de empleo para ilustrar el principio de APRE. Ser despedido es el acontecimiento. Ahora llega la parte crucial, la percepción que determina el significado que otorgas al suceso. Podrás pensar: “Soy un fracaso. Me han echado del trabajo porque no era bueno.¡ Que mala suerte!” Tras esta evaluación negativa alteras tu postura, tu respiración y expresión facial que refleja el estado de desesperación, culpa y depresión. Por tanto ante el acontecimiento (perdida de trabajo) utilizas tu percepción (creencias y expectativas) para darle significado y al etiquetarlo negativamente, cambias tu cuerpo (respuesta) de tal manera que sientes depresión (efecto).

Cuando examinamos detenidamente el proceso APRE nos damos cuenta que la clave es nuestra percepción de los sucesos. Poco podemos hacer con los acontecimientos porque la mayoría ocurren sin que podamos ejercer algún control sobre ellos. Una percepción distorsionada de nuestras capacidades y virtudes hace que evaluemos negativamente el estrés. Pero una autoestima sana ayuda a percibir los sucesos malos como un cambio brusco que podría albergar un incentivo para nuestro desarrollo personal. Por ejemplo una persona optimista podría evaluar quedarse en paro de una manera positiva y pensar, “La empresa está atravesando dificultad y no han valorado my rol en ella. Esto medará una oportunidad a encontrar algo mejor.” El efecto de este optimismo suele ser mejor adaptación a la dificultad.

Tenemos concienciarnos que la mayoría de los sucesos estresantes en sí mismos son neutros. Nuestra interpretación otorga el significado emocional. Cómo dijo “No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano que lo hace aparecer así.” La siguiente historia ilustra que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno:


Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que vivía con su hijo. Sólo tenían un caballo para trabajar la tierra. Un día su hijo le dijo:
- "Padre, qué desgracia, se nos ha ido el caballo".
Su padre respondió:
- "Veremos lo que trae el tiempo...".
A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo. Unos días después, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se rompió una pierna.
- "Padre, qué desgracia, me he roto la pierna".
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
- "Veamos lo que trae el tiempo...".
El muchacho se lamentaba. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Fueron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

Estrés es ni Bueno ni Malo

Estrés es un estado de ánimo que afecta nuestro cuerpo. En general cuando vivimos una situación difícil nuestro organismo reacciona siguiendo un instinto básico. Por ejemplo la respiración y los músculos ya no están relajados. Por tanto asociamos los acontecimientos desagradables con la reacción del estrés. Pero el cuerpo humano responde de la misma manera ante los sucesos agradables y desagradables. Una de las curiosidades del estrés es que si nos dan un beso apasionado o una bofetada, el cuerpo reacciona de la misma forma. El cerebro procesa cualquier cambio, sea positivo o negativo, siguiendo un protocolo predeterminado.

Lo curioso es que lo que puede ser estresante para uno es un estimula placentero para otro. Por ejemplo hay personas que temen a las alturas y cada vez que mira hacia abajo desde una altura elevada sienten mareo y se flaquean las piernas. Sin embargo, muchos pagan para tirarse al vacio sea en la práctica de puenting o paracaidismo. Esto demuestra que los acontecimientos por si no son causantes del sufrimiento, sino nuestra propia interpretación de los eventos.
Repasamos el proceso fisiológico del estrés. Nuestro organismo está “programado” para protegerse y asegurar su supervivencia. Ante cualquier amenaza este mecanismo se activa en una fracción de segundo inhibiendo el riego sanguíneo al cerebro y a la digestión, y además inhibe monetariamente el trabajo del sistema inmunológico. La razón por estas alteraciones es ahorrar la energía y dirigirla a luchar la amenaza o huir de ella.

Durante miles de años este mecanismo primitivo se ha quedad sin alterar. La reacción del estrés como un instinto básico nos ayuda en situaciones límites, como solían vivir nuestros antepasados en un hábitat salvaje e peligroso. Pero hoy en día no existen situaciones límites que requieran una reacción fuerte como luchar contra una bestia salvaje o huir de ella. En nuestras sociedades modernas tenemos que afrontar desafíos diferentes que no son realmente cuestión de vida o muerte.
El instinto básico del estrés para proteger nuestra integridad física nos puede generar graves problemas. Por ejemplo has estado de excursión con tu familia. El fin de semana ha sido soleado y tranquilo. Estas en el coche de regreso a casa. A medida que te acercas a tu ciudad el trafico se densa cada vez mas. Como buen conductor dejas pasar a otros coches, pero varios se aprovechan de tu cortesía y te cortan el camino bruscamente. Gradualmente tu serenidad se desvanece y algo se altera en ti: tu respiración se acelera, tus músculos se tensan, el corazón galopea como un caballo salvaje y sube tu tensión arterial.

Unos conductores incórdiales no suponen un peligro para nuestro organismo. Pero el cerebro (nuestra percepción) reacciona como si fuesen bestias salvajes que quieren devorarnos. Nuestras alternativas, según el instinto básico de supervivencia, es luchar o huir. Pero en un atasco no solemos correr detrás del coche del conductor que nos ha incordiado para empezar una pelea. Ni siquiera podemos dejar el coche e huir del atasco. Estamos obligados a quedarnos allí sentados. El problema es que el cuerpo se ha activado con una carga de energía para un “combate”.
Si no desgastamos esa carga el cuerpo sufre. El cuerpo puede soportar las alteraciones durante un breve periodo. Pero si no llega suficiente sangre al cerebro, al sistema digestivo y al inmunitario padecemos problemas de salud como migrañas, mareaos, indigestión, estreñimiento, catarros frecuentes y dolores musculares.

Lo que hace que el estrés sea bueno o malo depende principalmente de un factor: nuestra percepción. Nuestra actitud, personalidad, expectativas y creencias acerca de la realidad son filtros que definen nuestro estrés. Martin Seligman un investigador de la Universidad de Pennsylvania , dice que hay una diferencia marcada entre como afrontan la vida los optimistas y los pesimistas. La clave está en cómo nos interpretamos los acontecimientos estresantes. Los pesimistas consideran un suceso estresante como algo permanente, una falta de su persona y que afectará negativamente todas las facetas de su vida, mientras que ven los acontecimientos positivos como algo temporal que no les afectará mucho. Por tanto el estrés es ni bueno ni malo. Como dice William Shakespeare en Hamlet: "No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así."

lunes, 30 de agosto de 2010

El Estrés

El Estrés

Algunos expertos consideran que el estrés es el problema más grave del nuevo milenio. Además hay una tendencia de creer que antes se vivía mejor y sin estrés. El estrés siempre ha estado acompañando la humanidad. La intensidad puede variar según la situación. De hecho constantemente estamos bajo estrés. Cada uno de nosotros hemos llegado a tolerar un nivel adecuado de homeostasis. De modo que si superamos nuestro umbral, hacemos algo para rebajarlo. Y si la intensidad baja, sentimos aburrimiento e inmediatamente intentamos realizar una actividad para añadir una dosis de estrés para recuperar nuestro estado de equilibrio.

Por lo tanto el estrés no siempre es prejudicial. Puede motivarnos en momentos de pereza y sirve como una chispa siempre y cuando la intensidad no sobrepase nuestra capacidad de gestionarlo.

Pero cuando no somos capaces de manejar el estrés corremos el riesgo de sufrir síntomas de origen físico y psicológico. Desde problemas tan comunes como el estreñimiento hasta trastornos cardiacos pueden ser resultado de una mala gestión de nuestro estrés diario. El estrés puede causar también problemas serios en nuestra relación con lo demás. Según las estadísticas casi la mitad de los divorcios ocurren en el primer año de nacimiento del primer niño. Al parecer 5 en cada 10 parejas no tienen los recursos adecuados para manejar los cambios que conlleva un nuevo miembro de la familia.

Hace falta entonces una preparación adecuada contra los efectos de estrés. Esta preparación tiene que abarcar las cuatro dimensiones de la vida: físico, mental, emocional y espiritual. Un equilibrio entre los recurso físicos, mentales, emocionales o sociales y espirituales nos fortalecen contra las síntomas del estrés. No existe la vida sin estrés. Nadie puede vivir sin estrés. El estrés no es necesariamente nocivo. El estrés es la “chispa” que muy a menudo nos motiva a alcanzar nuestras metas.

La Anatomía del Estrés

Acabamos de comentar que el estrés siempre nos ha acompañado. De modo que nuestros antepasados también han sufrido sus efectos. Imagina un homo sapiens que está en su cueva tranquilamente devorando su cena. De repente ve la sombra de un tigre reflejado en la pared. Inmediatamente y de forma totalmente automática su cuerpo pone en marcha unos cambios fisiológicos para prepararse ante el peligro. Tiene sólo dos opciones: huir o luchar. En cuanto los sentidos percatan la amenaza, la adrenalina, llamada también la hormona del estrés, es segregada que provoca una serie de síntomas en el cuerpo:

1. Las pupilas de los ojos se dilatan. Esto permite que el homo sapiens pueda ver mejor y así tener mayor probabilidad de supervivencia.
2. La boca se seca. De esta manera se aporta menos fluidos al estomago.
3. La digestión se interrumpe. Al no llegar la saliva abundante al estómago, el proceso digestivo se paraliza temporalmente para redirigir mayor flujo de la sangre a los músculos. Esto explica por qué en momentos de un susto sentimos un hormigueo en el estómago.
4. Los músculos se tensan. El flujo repentino de la sangre a las células musculares les haces más resistentes a los golpes y les aporta mayor fuerza.
5. El corazón late con mayor fuerza. El aumento de la tensión arterial proporciona más combustible al cuerpo.
6. La respiración se acelera. Aparte de la sangre, los músculos necesitan oxigeno para la acción.
7. Se suda más. La sudoración regula la temperatura del cuerpo.

Hay más cambios que ocurren en el organismo, pero estos siete son los más relevantes. Como se puede apreciar el mecanismo automático de la respuesta del estrés es un dispositivo para salvaguardar la integridad del organismo. Sin que haya necesidad de malgastar el tiempo para pensar, reaccionamos bajo estrés.

El cuerpo está equipado con un arsenal muy sofisticado contra el estrés. Su principal propósito es de prepara el cuerpo para enfrentarse contra una emergencia. Cada vez que percibimos una situación de emergencia donde nuestro bienestar está en peligro una alarma se dispara. Esta alarma moviliza todos los recursos del cuerpo para el ataque o la huida. El cerebro entonces tiene que decidir entre “atacar” o “huir”. Esta alarma no sirve como una garantía de preservación y sobrevivencia.

Esta alarma nos fue programada para una vida en tiempos primitivos. Hace miles de años la vida no era tan fácil. Había tigres feroces que les encantaba la carne humana. En un entorno tan hostil la biología de los humanos se programo de tal manera que era muy práctico luchar o huir de los tigres. Pero hoy en día no hay tigres en las calles. Los “enemigos” son el trafico, la contaminación, el ruido, el paro o la burocracia. En estas situaciones ya no podemos depender completamente de nuestra respuesta de “atacar o huir”. Hoy en día no es la respuesta más creativa de atacar nuestro jefe, aunque nos tente este pensamiento.

Cuando el estrés es puntual y podemos responder de manera adecuada y superar la amenaza, todo estará bien. Los problemas empiezan a surgir cuando la amenaza no cese o que nosotros no seamos capaces a responder de manera adecuada. Entonces surgen problemas de salud causados por los siete cambios fisiológicos mencionados anteriormente. Veamos:

1. Cuando las pupilas de los ojos están dilatadas de forma crónica, da a lugar a problemas de visión y posibles jaquecas.
2. La saliva protege el esmalte de los diente y facilita la digestión entre otros beneficios. Por lo tanto una boca excesivamente seca conlleva dificultades para tragar y obstaculiza la digestión.
3. El proceso digestivo puede pararse de vez en cuando. Pero si esta interrupción se alarga demasiado sufrimos problemas estomacales.
4. La tensión muscular crónica da lugar a contracturas y dolores.
5. La hipertensión es uno de los problemas cardiovasculares más peligrosos.
6. El bloqueo de la respiración puede desembocar en problemas respiratorios.
7. La sudoración excesiva en manos, pies, axilas y la cara no presenta serios riesgos pero es incomodo y puede generar problemas sociales.


Si conocemos lo que ocurre a nivel físico, estaremos mejor preparados para manejar el estrés. Así podemos prevenir una variedad de problemas de salud a nivel físico y mental. Cuando notas que algunos de estos síntomas se están convirtiendo crónicos, haz cambios (reducir el nivel de estrés y incrementar tus recursos internos) para poder mejor gestionar los desafíos de la vida.